Lo que notas nada más cogerlo

El peso está muy bien repartido. No es ligero de esos que parecen de juguete, ni pesado de los que te cansan la muñeca a los cuarenta minutos. Los gatillos tienen una resistencia que, perfectamente, podrías pasar horas sin pensar en ello. Eso, para mí, es la mejor señal.

El cable USB-C incluido parece un detalle menor, pero no lo es. Con micro-USB siempre andaba buscando el adaptador o usando uno de mala calidad. Aquí enchufas y ya. Sin dramas.

Para PC es donde brilla de verdad

Lo uso más en PC que en consola, y ahí es donde le saco todo el partido. Windows lo reconoce solo, sin instalar nada raro. La conexión inalámbrica no da saltos ni introduce ese retardo que arruina ciertos juegos. Jugando a algo que pide precisión, se nota la diferencia respecto a mandos más baratos.

Mira tú por dónde, lo que más me sorprendió fue el acabado del plástico de las empuñaduras. Tiene una textura que no resbala aunque lleves un rato jugando. Pequeño detalle, pero de los que importan.

A quién se lo recomendaría

Si ya tienes un mando Xbox de la generación anterior y funciona, no hay motivo urgente para cambiarlo. Pero si partes de cero, o el tuyo ya tiene stick drifting o botones caprichosos, este es el candidato obvio. A 47 euros no hay oferta que llevarse a casa, pero el precio es el habitual de este mando y está justificado por lo que ofrece.

Lo que no me convence del todo: la autonomía de las pilas podría ser mejor. Con uso intensivo, cada pocas semanas toca reponerlas.