Lo primero que noté al abrirla
Polvo blanco, fino, sin grumos. La primera vez que la mezclé con agua fría pensé que no se iba a disolver bien, pero fíjate, desapareció sin dejar rastro en el fondo del vaso. Sin sabor de verdad. Ni ese regusto a químico que tienen algunas marcas que prefiero no nombrar.
Lleva el sello Creapure, que es la creatina fabricada en Alemania con controles de pureza bastante serios. Libre de DCD y DHT, que son las impurezas que aparecen cuando el proceso de fabricación es descuidado. No es marketing: hay laboratorios independientes que lo verifican. Para mí eso justifica buena parte del precio.
A quién le viene bien y a quién no
Si entrenas fuerza o haces sprints, la creatina monohidrato es de los pocos suplementos con evidencia real detrás. Esta funciona. No esperes milagros la primera semana, pero a las tres o cuatro semanas el rendimiento en series largas mejora de forma bastante perceptible.
Ahora bien, si buscas algo con sabor porque no aguantas los suplementos neutros, esta no es tu opción. No incluye dosificador, así que necesitas una cucharita de medición o una báscula pequeña. Un detalle menor, pero que vale la pena saber antes de comprar.
Mi reserva honesta
El precio ronda los 30 euros por 500 gramos. No es el más barato del mercado. Puedes encontrar creatina monohidrato más económica, pero sin el sello Creapure y sin los controles de pureza que lo acompañan. Para mí la diferencia vale, sobre todo si la tomas a diario durante meses. Pero si el presupuesto ajusta, hay opciones decentes por menos.